Embajada de Portugal en Cuba

Ministerio de Relaciones Exteriores

Intervención de Su Excelencia el Presidente de la República Portuguesa en la Universidad de La Habana, 27 octubre 2016

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"Portugal y América Latina"

Intervención pronunciada por Su Excelencia, el Presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa,

con motivo de la Visita de Estado a Cuba

 

Universidad de La Habana, 27 de octubre de 2016

 

Señor Rector de la Universidad de La Habana,

Señora Secretaria de Estado de Negocios extranjeros y Cooperación,

Señores Diputados, Señores Rectores,

Señores Embajadores, ilustres invitados,

Damas y caballeros

 

Quiero agradecer, en primer lugar, las palabras del Señor Rector y la organización de esta conferencia en esta imponente Aula Magna de la Universidad de La Habana. Debo confesarles que me siento especialmente feliz por estar aquí y compartir con ustedes mi punto de vista sobre Portugal y América Latina.

Digo especialmente feliz porque no solo lo hago como Jefe de Estado, sino también como Profesor Universitario, con más de 40 años de enseñanza y el privilegio de haber tratado con muchos miles de alumnos, de diferentes nacionalidades.

Por eso, estar aquí, en un ambiente diversificado, rodeado de alumnos e investigadores, hace que me sienta como en casa y constituye para mí un enorme estímulo. Por momentos casi se me olvida el Protocolo que estoy obligado a seguir... ¡y recuerdo cuando solo era Profesor!

 

Magnífico Rector,

Estimadas Amigas y Amigos,

 

Siendo esta la Universidad de La Habana, en que estudian tantos alumnos de lengua portuguesa, muchos de ellos aquí presentes, donde tenemos un lectorado de Portugués en acción y, creo que en pocas horas, una Cátedra dedicada a la Lengua y Cultura Portuguesas,  comprenderán que yo deba hablar en Portugués y así contribuir para que eses alumnos, además de escuchar mis ideas, puedan practicar un poco este idioma.

Hablarles de Portugal y de su relación con América Latina permite abordar, en una única conferencia, el pasado, el presente y el futuro de una de las prioridades de la política exterior portuguesa.

 Comienzo por el pasado, porque es importante conocer bien nuestra historia para poder comprender gran parte de la realidad en que vivimos, así como los intereses y desafíos que compartimos en el presente y de cara al futuro.

Portugal llegó a América en 1500, por obra del navegante Pedro Álvares Cabral. En Brasil se fueron instalando millares de portugueses cuyos descendientes verían llegar, ya en los inicios del siglo XIX, al Rey Don Juan VI y su comitiva. Portugal es el único país en la historia mundial que "deslocalizó" a otro continente su capital política e institucional, su centro de negocios e influencia. Lo hicimos, como acabo de decirles, en 1808, cuando el Rey y la Reina de Portugal, junto a gran parte de la élite política y cultural, se hicieron a la mar y desembarcaron primero en Bahía y más tarde en Río de Janeiro. Así garantizaron que el poder político portugués fuese el único de Europa continental que no se rindió al yugo francés.

Poco después, Portugal pasó a denominarse oficialmente "Reino Unido de Portugal y Brasil", fruto de intensas transformaciones políticas, económicas y sociales, derivadas de la llegada de la Corte a Brasil. El comercio mundial empezó a tomar Río de Janeiro como punto de paso obligatorio. Distintas universidades, jardines botánicos, bibliotecas, hasta el mismo sistema político y la unidad territorial de Brasil hunden sus cimientos en esa época.

La élite que se fue (vino para América Latina) enseguida se unió a la élite que ya existía en Brasil, con la finalidad de garantizar la independencia de Brasil, en sinfonía con movimientos similares desarrollados en otras naciones de la región como Argentina, México o Chile. Fue la misma élite política y cultural brasileña la que convenció a Don Pedro, hijo primogénito de Don Juan VI para que se autoproclamase primer Emperador de Brasil en el famoso "grito de Ipiranga", en 1822.

Imagínenselo, ¡fue el propio pretendiente al trono portugués quien proclamó la independencia y permaneció en Brasil como su primer Emperador! Una independencia sin guerra ni muertes. Algo inédito, insisto, en la historia mundial.

La relación entre Portugal y Brasil, guiada por un Tratado de Amistad y Alianza firmado en 1825 – repito, en 1825 -, tiene una enorme singularidad. Es una relación entre países que se consideran hermanos y que, desde el siglo XIX, han colaborado, cooperado y progresado conjuntamente. Por eso es interesante visitar Brasil, donde estuve hace unos meses y a donde iré dentro de unos días, y observar que existe una relación tan especial con Portugal desde los primeros años de la independencia. Por ejemplo, en el ámbito cultural, constatamos que las principales ciudades tienen Gabinetes de Lectura creados por la comunidad de descendientes de lusos ya en el siglo XIX, con el fin de promover la lengua y cultura portuguesas. Un ejemplo paradigmático es el Real Gabinete Portugués de Lectura de Río de Janeiro, la mayor y más significativa biblioteca lusófona de América Latina.

Pero la relación histórica de Portugal con América Latina no se reduce, felizmente, a nuestra relación con Brasil. Portugal fue una de las primeras naciones del mundo en reconocer las independencias de América Latina y mantuvo siempre una relación muy cercana con todos, a medida que se iban transformando en repúblicas independientes.

Ya en el siglo XX fueron muchos los portugueses – fuimos, somos y seremos un pueblo de emigrantes – que llegaron a muchos países latinoamericanos, tales como Venezuela, Argentina o el mismo Brasil. Desde el siglo pasado, Portugal tiene importantes y significativas comunidades de descendientes de lusos en esos países, que contribuyen activamente al progreso económico y social, integrándose de pleno aunque sin dejar de conservar lazos muy vivos con su patria.

Por tanto, esa herencia que Portugal ha estado y está desarrollando, en el pasado más reciente y en el presente, constituye una relación estratégica con América Latina. Una estrategia que se asienta en lazos históricos, en la existencia de una diáspora muy relevante, en compartir afinidades culturales, en la promoción constante de los Derechos Humanos, en la defensa de un Estado de derecho y en la complementariedad económica y empresarial. Pero es también una estrategia que se basa en la misma condición geográfica de Portugal, como punto central que une a la región latinoamericana con el continente europeo. Como plataforma y puente de diálogo, Portugal ha luchado por ser una de las voces más activas a favor de una relación mayor, más densa y más activa entre la Unión Europea y América Latina.

Portugal es sinónimo de puente, de diálogo y proximidad, de un socio leal para los latinoamericanos en las mesas de negociación de Bruselas.

La primera Cumbre UE-Brasil se celebró gracias a una presidencia portuguesa de la Unión Europea y con el apoyo nacional portugués, la Unión Europea hizo progresar los Acuerdos de Asociación Económica con Centroamérica o la Comunidad Andina. En este último caso, el papel de Portugal fue determinante para que se avanzase en pos de Acuerdos con Colombia y Perú.

Ahora bien, debo subrayar también la relación entre la Unión Europea y la Comunidad de Países de América Latina y el Caribe (CELAC), la relación con Mercosur, el hecho de ser uno de los primeros países europeos en poseer el estatuto de Observador de la Alianza del Pacífico y tantos otros ejemplos, que me permiten reafirmar que América Latina es una prioridad para la política exterior portuguesa y que ese es el objetivo por el que defendemos en Bruselas una relación de mayor proximidad entre ambos continentes.

Incluso a nivel multilateral, Portugal considera la Conferencia Iberoamericana un espacio de reflexión, donde proponer y poner en común intereses y desafíos. Mañana estaré en Cartagena de Indias participando en mi primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los Países Iberoamericanos, la 25ª Cumbre, dedicada a la juventud, la educación y el emprendimiento. Este espacio de diálogo lleva 25 años permitiendo el acercamiento de gobiernos y pueblos, el desarrollo de una identidad común y la apuesta por sectores estratégicos como la juventud, la cooperación en economía y desarrollo, la educación, la ciencia o la cultura. Por ejemplo, fue una Cumbre Iberoamericana la que llevó por primera vez a Portugal al Comandante Fidel Castro, en 1998, en una visita que los portugueses guardan en su memoria.

En Naciones Unidas (y a partir de ahora, de una forma aún más especial, como veremos más adelante), Portugal ha defendido un multilateralismo efectivo y ha favorecido una relación activa con todas las naciones del mundo, lo que nos ha llevado, sin modestia, a ocupar el cargo de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad en tres ocasiones. También en esas ocasiones, Portugal ha sabido promocionar los principios y valores que rigen nuestra democracia y nuestro modo de relacionarnos con otros países.

Pero ya que estamos ante una amplia mayoría de jóvenes, les digo que la relación de Portugal con América Latina es, sobre todo, una relación de futuro.

Digo futuro porque Portugal contempla esta región como una región verdaderamente singular por las oportunidades que alberga, por los índices de crecimiento, por la juventud y el potencial de su población. Futuro porque Portugal llega con las manos llenas de optimismo, en este caso concreto a Cuba, para intentar cimentar una relación asentada sobre el respeto recíproco y con ventajas mutuas, que beneficiará a todos.

Futuro porque es imposible ignorar el potencial económico que existe en los países latinoamericanos, desarrollado con iniciativas de integración regional y subregional que Portugal sigue de cerca. Hoy, América Latina es un área de expansión para el sector empresarial portugués, que proyecta la enorme capacidad y competitividad de sus empresas y sus empresarios. Muchos estuvieron ayer conmigo en el Hotel Nacional, en el primer foro empresarial Portugal-Cuba. Muchos otros están repartidos por todo este continente, apostando en mercados como México, Colombia, Venezuela, Perú o Brasil, por mencionar solamente los más significativos. Mercados donde apostamos en sectores estratégicos como las infraestructuras, las energías renovables y las telecomunicaciones. Mercados donde potenciamos nuestro saber, nuestra juventud y la cualificación de nuestros jóvenes, donde innovamos y emprendemos.

Futuro porque creemos que este continente puede encontrar finalmente el camino de la paz e del progreso social. Aquí me refiero en concreto al acuerdo de paz colombiano, al que tanto ha ayudado la diplomacia cubana. Después de décadas de conflictos armados, la diplomacia cubana ha contribuido para que este continente esté libre de guerra y por eso le rindo aquí mi reconocimiento público. También en este capítulo, Portugal ha estado junto a Cuba y está con Colombia, ya sea en el ámbito de Naciones Unidas o de la Unión Europea, contribuyendo financieramente al Fondo Fiduciario que se ha creado.

Pero también futuro porque, por encima de todo, ¡quiero hablarles de su potencial humano!

Hace días escuche a una importante personalidad latinoamericana, que me habló de la juventud de este continente. Me impresionaron algunas cifras, que compartiré con ustedes. La población joven de América Latina representa aproximadamente el 34 % del total, lo que le confiere una pujanza inigualable. Más de dos tercios de los jóvenes que estudian en la universidad, como los que están ahora aquí, son los primeros estudiantes universitarios de sus respectivas familias. Esto significa que el nivel de formación y educación aumentará considerablemente en las próximas generaciones, con todo lo que eso engloba en términos de perspectivas de desarrollo humano y social. Y les digo aún más; de esos dos tercios, cerca de la mitad son mujeres, lo que me permite ser aún más optimista de cara al futuro.

Como nos decía José Martí, a quien ayer presté un sentido homenaje, “para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos”. ¡La educación y la formación superior nos permiten ver más allá! Nos permiten recorrer un camino de cambio, en pos de un futuro más justo y más equilibrado entre las sociedades.

Con más conocimiento, podremos fomentar más cooperaciones políticas, sociales, económicas y culturales entre los países latinoamericanos y Portugal.

Ese mismo conocimiento que me impulsa a celebrar con ustedes el recién creado lectorado de portugués y la concretización, en las próximas horas, de la Cátedra “Eça de Queirós” en esta Universidad de La Habana, que se une así a un número significativo de lectorados y cátedras de lengua portuguesa repartidos por este continente, que llenarían de orgullo a Luís de Camões, cuya estatua visité ayer en el corazón de la “Habana Vieja”.

Quiero ahora terminar hablándoles un poco sobre mi país.

Portugal celebra este año los 40 años de su actual Constitución, una Constitución asentada sobre los valores europeos, de libertad y democracia, a la cual me enorgullezco de haber contribuido. La democracia portuguesa refleja el deseo de todos los portugueses, los de entonces y los de ahora, de ser una parte activa en un gran proyecto de libertad, paz, solidaridad y desarrollo económico. Fue ese espíritu el que nos condujo a una revolución pacífica en 1974, ¡la Revolución de los Claveles!

Desde entonces, Portugal ha recorrido un camino singular en la escena internacional, dentro del marco de las Naciones Unidas, en la Unión Europea, en la Comunidad de Países de Lengua Oficial Portuguesa y en la Conferencia Iberoamericana.

Los diversos Gobiernos nacionales, elegidos democráticamente por el pueblo y en un sistema político basado en el multipartidismo, han confluido en la certidumbre de que Portugal es global, mundial e intercultural, una mezcla de país europeo, africano, iberoamericano y asiático, y que con una gran mayoría de los pueblos compartimos afinidades culturales, aunque tengamos nuestra cuna geográfica en Europa.

Portugal comparte con la gran mayoría de naciones del mundo la aspiración común de vivir en un espacio donde todos, sin excepción, puedan tener derecho a una vida digna.

Fue ese espíritu, tan portugués, lo que nos permitió promover la candidatura nacional del Ingeniero António Guterres como Secretario General de las Naciones Unidas. Fue esa herencia nacional, que me enorgullece representar, la que contribuyó a su elección de forma singular, transparente y consensuada.

Hoy, Portugal es un país moderno y atractivo, con una dimensión política, cultural y social que sobrepasa con mucho sus dimensiones geográficas. Portugal tiene un pasado histórico, un presente de afirmación y crecimiento y un futuro que me hace soñar. Un futuro que también pasa por América Latina.

Muchas gracias.

 

 

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